Hoy empecé a trabajar despues de 8 días de vacaciones. Vacaciones en las que, por cierto, he pillado un fin de semana y 2 festivos y además he estado malo. Eso es lo que comunmente se denomina encima de cornudo apaleao. He vuelto y me esperaba un marrón curioso. Mis jefas en plena crisis, decidieron abrir otro negocio. Negocio que en 3 meses se ha ido a pique. Y a mí me ha tocado recoger los restos del naufragio, como no podía ser de otra manera. Restos en formas de neveras y regalos de todo tipo. El negocio era un minimarket. Ha sido un tanto desolador vaciar el local porque debo admitir que el sitio había quedado muy bonito y con mucho gusto. Pero la gente decidió no ir. Cunde el pánico entre los de abajo, quizá demasiado.
Yo mientras, comienzo a ver el final de mi etapa laboral como repartidor y chico para todo. 4 años son más que suficientes y me merezco un descanso. Creo que por mucho que sople el viento, esta vez seré yo quien abandone el barco antes de que naufrague.
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jueves, 8 de enero de 2009
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